Poderoso señor:

Clase S de

Mercedes-Benz

 

 

 

Como pocos modelos en la historia del automóvil pueden ser tan referenciales para su segmento -y la industria en general-, como el Mercedes-Benz Clase S. El elegante sedán de representación, en su última encarnación, llegó a nuestro mercado en mayo de este año, y hace poco pudimos probarlo. Una experiencia que no solo está plena de lujo, confort y poder, sino que permite vislumbrar lo que trae la industria en el futuro cercano. 

Pero antes, un poco de historia que explica la calidad ineludible de referente de la Clase S. Heredero directo de las grandes berlinas alemanas que forjaron el lujo en el sector automotor, es a la vez un eterno vanguardista, siendo el primer modelo de la industria en montar innovaciones que luego se convirtieron en estándar. Entre ellos, los frenos ABS en 1972, o los airbags. Por ello, cada vez que nace una nueva evolución de la Clase S, la industria mira con interés.

Mismo interés que despierta en la calle. Las miradas lo rodean, ya que uno auto de este segmento no es el más común en la ruta y algún empresario, político o personalidad puede movilizarse en él. 

Es por eso que sus exclusivos clientes son conocidos por la marca, en un particular nicho de mercado donde la personalización va de la mano con la enorme cantidad de equipamiento que ofrece. 

La estética del lujo

Tras la contínua evolución del Clase S a lo largo del presente siglo, ahora llega con una actualización que suaviza aún más sus líneas, que si bien son orgánicas y evolucionan elegantemente a través de su carrocería; no pierde en presencia con su largo capó y la imponente y tradicional parrilla frontal de Mercedes-Benz, que en este modelo alcanza su máxima expresión. 

Sin estridencias, sus formas son suaves y orgánicas, clásicas y puras, evocando confianza, elegancia y discreción. Sin ostentar marca su presencia y expresa tanto el poder de su motor, como el lujo que promete, y que puede dejar corta a la imaginación. 

Porque el interior es un despliegue inmenso de nuevas tecnologías y pantallas, que bien ubicadas y con pocos mandos, se vale de la interfaz MBUX de última generación para controlar los sistemas de confort, entretenimiento, comunicación y del andar del auto, mediante voz, gestos o mediante los controles táctiles.

A diferencia de otros modelos de la marca, la pantalla que oficia de tablero de instrumentos, está separada de la gran pantalla de control alojada en la consola central. Minimalista en el exterior, es toda información desplegada en sus pantallas, con una interfaz muy rápida e intuitiva, pero que puede confundir en algunos aspectos debido a la cantidad de controles y opciones que entrega. No obstante, controlar lo simple, lo cotidiano, desde sus climatizadores, la radio o el teléfono es muy fácil gracias al control por voz y el ya conocido !Hey Mercedes!

Las formas del poder

La unidad de nuestra prueba fue el Mercedes-Benz S 450, que porta un bloque motriz de seis cilindros en línea que aloja una cilindrada de 3,0 litros, potenciada con un motor eléctrico. Así, ofrece 367 CV de potencia, más 22 CV extras electrificados, con un torque ya imponente de 500 Nm, y que sube gracias a la micro hibridación hasta impresionantes 750 Nm. ¿Cómo se siente eso?, como suficiente poder para derrochar. 

El control de estas fuerzas pasa por la reconocida, muy probada y muy eficiente transmisión 9G-Tronic, de 9 relaciones, con un actuar suave preciso y que permite múltiples modos de conducción, que cambian los parámetros del motor y caja para permitir experiencias altamente deportivas, o privilegiar el confort o la eficiencia. 

En cada modo de conducción, las diferencias son notables, y es posible pasar desde un tranquilo y caballeroso sedán, a un agresivo deportivo, con un solo cambio en la consola (que llega acompañado de vistosos cambios en el tablero de instrumentos). 

El andar, el silencio que se siente en el modo eléctrico, la calidad de los materiales y ensamblajes son superlativos y solo pueden medirse en la categoría de superlujo. Es un auto grande (5,179 metros) y pesado, en virtud de su muy abundante equipamiento, con todo ello, más la sofisticado suspensión adaptativa que “anticipa” el camino, hace que conducir la nueva Clase S sea ágil, grato e inolvidable, en ello la nobleza tradicional de los productos de la marca no solo están a buen recaudo, sino que agrega valor.

Quizá uno de los poquísimos puntos en contra, es una externalidad “negativa”, de su sofisticación, sobre todo en seguridad. Se trata de un auto dotado de múltiples sensores de asistencia activa y avanzada a la conducción, por un lado permite que en autopistas y en ciertas condiciones, roce el manejo semi autónomo (acelera, frena y controla la dirección de manera autónoma), pero también cuenta con una serie de alarmas sonoras, la mayoría de proximidad, muy útiles en un estacionamiento atochado, pero algo incómodas en un cruce de calle llena de peatones, por ejemplo. Requiere de cierta costumbre, que sin embargo vale la pena por todas las virtudes que ofrece la verdadera nave insignia de la industria.