Ford Mustang Mach 1: emociones V8

Regreso en el tiempo: finales de los sesentas en Estados Unidos, un momento clave donde convive la terminología técnica militar, con los aires de libertad de los nuevos movimientos juveniles. Mach 1, un nombre que evoca la velocidad del sonido alcanzada por los caza de combate, es tomado por Ford para un paquete de rendimiento del ya super exitoso Mustang. 

El Mustang Mach 1 ya había elevado el vuelo, y su éxito fue inmediato, al punto que la marca del óvalo decidió descontinuar su variante GT. Pensado para la pista y la velocidad, la leyenda pronto se enfrentó al equivalente del meteorito que mató a los dinosaurios: la crisis del petróleo de 1973. Su motor V8 de 7,0 litros del original no resultó muy práctico desde ese momento y su paso al salón de las leyendas, fue al menos apresurado.

Pero el tiempo pasa y la tecnología avanza, y ahora nos encontramos con el nuevo Ford Mustang Mach 1, heredero directo, tecnologizado y de alto rendimiento del recordado Mach 1 original y pudimos montarnos en esta máquina que bombea adrenalina al corazón de su conductor.

Emociones de leyenda

Revivir a una leyenda, y proyectarla con todo lo que implicaba hacia el mercado actual no es cosa fácil, pero es precisamente el momento en que para una marca pesa la tradición y experiencia. Bien lo sabe Ford, que con su Mustang Mach 1, supo recrear el espíritu agresivo y con foco en el performance que muestra este ejemplar.

Un poderoso capó curvo, sobre una gran toma de aire en negro sugiere el poder que se esconde en su motor V8. Afilados faros en los flancos, marcados pasos de rueda, notorias nervaduras en los laterales, anchos “hombros” y la infaltable caída fastback, que da paso a un bien logrado sector trasero con cuatro salidas de escape, generan un efecto atractivo, casi hipnótico. Bien logrado diseño, inconfundible mustang y bien caracterizado “muscle car”.

En el interior, el uso de los materiales y los diseños sigue una línea que ha sabido cautivar a los amantes de este tipo de autos. Evoca las antiguas sensaciones, con abundancia de cuero y resinas en negro,  combinados con detalles en cromo y con el Mustang de su característico logo como elemento central, del volante de tres radios, ancho que recuerda los tactos de algunos muscle cars. 

Estas sensaciones que parecen provenir del pasado, se fusionan con elementos como las grandes pantallas digitales de su cuadro de instrumentos, que no obstante sigue con un diseño algo clásico. Excelente solución para introducir las nuevas funcionalidades, en un entorno que no interviene el contexto de muscle car. 

Instrumentos análogos, y una palanca de cambios (para su transmisión automática), en pomo cromo y negro, ayudan a esta sensación atemporal y rebelde que tanto gusta a los que siguen el estilo de estos poderosos V8.

Velocidad y seguridad

Pero el Mustang Mach 1 es atractivo, pero no es pura pinta. Su poder reside en su motor V8 de 5.0 litros, con calibración especial que le permite entregar una potencia de 480 caballos de fuerza, con  569 Nm de torque. Cuenta con transmisión automática con SelectShift,  de 10 velocidades con convertidor de par mejorado, que promete mucha diversión en pista y gran control sobre la torsión a los neumáticos. Cuenta con modos de conducción seleccionables (Normal, Deportivo, Nieve/Humedad y Pista).

La división Ford Performance de la marca del óvalo intervino además en el chasis, para entregar mayor rigidez, algo importante cuando debes lidiar con 569 Nm de torque, que le permite parar el crono en 4,4 segundos en la prueba de aceleración de 0 a 100 km/h.

El control, asegura Ford, se asegura mediante un eje de dirección más rígido, dirección asistida electrónica (EPAS), barras estabilizadoras y resortes delanteros más rígidos, además de un sistema de amortiguación MagneRide, cuyo campo magnético se ajusta 1,000 veces por segundo, mejorando el desempeño dinámico, que cuenta además con un diferencial de deslizamiento limitado Torsen.

El potro y sus riendas

La promesa son emociones V8, ¿Cumple el Mustang Mach 1? De principio a fin. Desde presionar el botón de partida, el potro revive con un bramido que hace vibrar, el cuerpo reacciona con la expectativa de velocidad y una primera oleada de adrenalina. Drive en la palanca y, los sonidos trasladan en el tiempo: un verdadero V8 bajo el capó, un animal en extinción en los albores de la electromovilidad.

La tradición dicta que si bien los tradicionales “muscle cars”, contaban con gran poder que emanaba de sus grandes motores, con veloces resultados; no tenían un desempeño muy ágil en curvas. Hoy, gracias a los avances de la tecnología y su inteligente aplicación, el Mustang es mucho más ágil y -al volante- se siente más aplomado al girar, que lo que dicta la tradición norteamericana.

En la ciudad, se comporta como un auto poderoso, pero confortable. La tracción trasera exige cierta experiencia, sobre todo cuando libera todo su poder en modo sport, donde el V8 se explaya en sus 480 caballos de potencia, y el rugir del motor toma el ambiente.

Una experiencia en sí mismo, un auto para todos los días para 2 personas, pero más allá de todo, un ícono que revive desde la ingeniería para convertirse en una máquina de despertar emociones. Como un buen muscle car debe hacer. 

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